La Guardia Civil en Mira


Al finalizar la Guerra de la Independencia contra Francia en 1814, la debilidad del Estado hizo que la inseguridad se apoderase de los caminos españoles. En la guerra se había utilizado como método de lucha la guerrilla, lo que provocó que, acabadas las hostilidades, quedasen diseminados por las zonas más agrestes de la península grupos de excombatientes o brigantes, desertores y delincuentes liberados que, inadaptados a la vida civil, hicieron del bandolerismo su forma de vida.

La gravedad del fenómeno hizo que se intentase establecer un cuerpo de policía de ámbito nacional que velase por la seguridad pública, pero no sería hasta 1844 cuando se produce la creación oficial de la Guardia Civil.

La expansión del cuerpo fue una evolución en círculos concéntricos, a través de pasos que abarcaron sucesivamente el ámbito regional, provincial, de partido y finalmente el municipal. En un inicio se establecieron 14 tercios siguiendo las 14 capitanías generales regionales. En una segunda etapa se fue estructurando la fuerza sobre la base de una compañía por provincia. En una tercera, la expansión se llevó acabo sobre los partidos judiciales, para finalmente llegar al nivel municipal.

A mediados de 1870 el número de municipios con un puesto de la Guardia Civil era de 1.609. No sería hasta ya bien entrado el siglo XX, cuando la Benemérita tuvo presencia fija en la mayoría de los municipios españoles.

En la provincia de Cuenca, el establecimiento de la Guardia civil en los municipios fue de forma irregular en el tiempo, seguramente fue debido a que eran los ayuntamientos quienes debían proporcionar acuartelamiento gratuito a la guardia civil y esto estaría condicionado por la situación financiera de las arcas municipales de cada pueblo.

En el municipio de Mira, no se sabe con exactitud cuándo se estableció. Las primeras noticias se obtienen de la prensa nacional de finales del siglo XIX. En 1889, el periódico La República informó que el comandante del puesto de la guardia civil de Mira, dio muerte a un criminal llamado Domingo Hernández en el término de Talayuelas. Cinco años después, en 1894, volvemos a tener una nueva referencia en la prensa, en este caso sería el diario El Imparcial, donde se explica que la Guardia Civil de Mira cruzó varios disparos con un grupo de criminales, resultando herido un guardia civil en el ojo derecho.

Los primeros documentos oficiales que hemos podido encontrar son bastante tardíos, de 1917, cuando en el pleno del ayuntamiento del día 6 de Mayo de mismo año, presidido por el teniente alcalde Luis de Fuentes Navarro, se aceptó el acuerdo de proporcionar acuartelamiento gratuito a la fuerza de la Guardia Civil para el puesto de Mira. Como en ese momento el ayuntamiento todavía no disponía de ningún edificio en propiedad adecuado, se tuvo que alquilar al precio de 300 pesetas anuales el edificio de la calle Calicanto número 10, en propiedad de Toribio Pedrón López, para que lo ocupara la guardia civil.  Este dato crea cierta confusión, pues no concuerda con la memoria de las personas mayores, quienes sitúan el antiguo cuartel en el edificio de la calle Calicanto número 8, es decir, justo al lado. Esto puede ser porque con anterioridad al acuerdo de 1917,  hubo un cuartel en el número 8, o bien porque en aquella época el número 10 correspondía al 8 actual.


Casa de la calle Calicanto número 8 que la gente mayor recuerda como la antigua casa cuartel.

A los pocos meses después del acuerdo de 1917, el ayuntamiento aprueba adquirir mediante compra unos terrenos en el paraje de la Serna. Dos años después, en 1919, el ayuntamiento firmar un acuerdo con el jefe de la Guardia Civil de Minglanilla, donde se acuerda proporcionar acuartelamiento gratuito a la fuerza de la Guardia Civil de Mira en un edificio de nueva construcción, de propiedad de la corporación ubicado en el paraje de la serna (donde está ubicado el cuartel en la actualidad). No sería hasta 1920, cuando finalmente el nuevo cuartel de Guardia Civil quedó inaugurado.

El edificio fue diseñado de forma cuadrangular y con un patio interior centralizado. Contaba con una oficina, un calabozo y varias viviendas para los guardias. Anexo al mismo, había un espacio solo techado en una de sus partes a modo de porche, que podía guardar hasta 9 caballos.

Fotografía del cartel de la Guardia Civil en 1920.

La dotación de efectivos destinados en el nuevo cuartel fue de cinco: un cabo, un guardia de primera y tres guardias de segunda.

En 1933, durante los conflictos de una huelga general anarcosindicalista, volvemos a tener noticias de la guardia civil de Mira gracias a varios diarios nacionales. Sería el 12 de Enero, cuando los disturbios llegaron a Mira al declararse esa misma mañana una huelga general en el pueblo. Según la crónica del diario La Libertad, todo empezó cuando un grupo de huelguista se dirigió a las obras del ferrocarril Cuenca-Utiel, con el objetivo de forzar a los obreros para que abandonasen el trabajo. Algunos se opusieron a ello, produciéndose por este motivo algunos altercados entre ellos. Por fin, al mediodía, consiguieron los manifestantes sus propósitos, y en actitud levantisca volvieron al pueblo. Antes de llegar, les salió al paso la Guardia Civil de Mira, que preguntó a los huelguistas que querían, respondieron estos con una agresión a los guardias, que recibieron una pedrada y varios disparos, resultando dos guardias heridos levemente. Las fuerzas del orden replicaron, hiriendo a dos manifestantes levemente y a uno con extrema gravedad.

Con el inicio de la guerra civil, el cuerpo continuó existiendo en el bando nacional, mientras que en el republicano se le cambió su denominación por el de Guardia Nacional Republicana, para poco después desaparecer al ser absorbido por un nuevo cuerpo de seguridad pública, que unificó diversas instituciones de carácter policial. No tenemos datos de la evolución de este cuerpo en Mira durante este periodo.

Pocos años después del término de la guerra civil, en la serranía conquense aparece con fuerza el fenómeno del “Maquis”. En 1944 fracasa el intento de invadir España por el Valle de Arán por la Agrupación Guerrillera Española, y a partir de 1945, el partido comunista de España cambia de táctica, dedicándose a introducir en España células de resistencia armada. En este contexto aparece la A.G.L.A., Agrupación Guerrillera de levante y Aragón, que llegó a extender su radio de acción por la provincia de Cuenca y alguna zona de Guadalajara. El campamento guerrillero del “Morro del Gorrino” en Salvacañete, fue uno de los focos de mayor actividad en la zona.

El peso de la lucha contra el maquis recayó principalmente sobre la Guardia Civil. El Gobierno preocupado por el fenómeno, amplió el número de puestos especialmente en las zonas afectadas. En la demarcación de Mira se crearon los destacamentos de la Cañada de Mira, Fuencaliente, Rento del Buitre y la del Puente de Enguídanos.

A finales de 1946, se estableció un campamento de guerrilleros en el paraje de la fuente Olmadilla, en el término de La Pesquera. Parece ser que fue la Guardia Civil de Mira quien dio con el lugar, para rápidamente organizar un asalto al campamento con unos 30 hombres. En la operación murieron nueve guerrilleros. Por parte de la guardia civil hubo varios heridos, entre los que figuraban un teniente y un sargento. Posiblemente como consecuencia de este hecho, en los primero días de febrero de 1947, varios guerrilleros se presentaron en la casa forestal del paraje del Pozo la Llave, en el término de Mira, dando muerte mediante ahorcamiento al Guardia Civil Dionisio Alcarria Ruiz.

Ruinas de la casa forestal del Pozo la Llave.

No sería hasta finales de los 40,  cuando el fenómeno del maquis en la zona desaparecería por completo, dejando en la memoria colectiva recuerdos de años muy duros.

En 1959 se produce el Plan de Estabilización económica y una cierta apertura del régimen que irá seguida de un gran desarrollo económico. En este mismo año, dado el aumento del tráfico rodado que se produce como consecuencia del crecimiento económico, se encomienda a la Guardia Civil la vigilancia del tráfico y del transporte por carretera. Se crea la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil que constituye un punto de inflexión en el proceso de la modernización del Cuerpo.

A partir de los años 60 se fueron cerrando progresivamente muchos cuarteles en la provincia de Cuenca, como el cuartel de Salvacañete en 1968, hasta llegar a la actualidad, donde quedan 49 casas cuartel en toda la provincia, entre ellos y esperemos que para mucho tiempo, el de Mira.

BIBLIOGRAFÍA:
- Historia de la guardia civil. Francisco Aguado Sánchez
- AMM, Libros de Actas, signatura: 12/1, sesión 20 julio 1969
- El maquis en España. Francisco Aguado Sánchez.
- Archivo histórico de la Guardia Civil.
- El imparcial, sábado 23 Junio 1994
-.La República, viernes 8 Noviembre 1889
- Fotografía de Eugene Smith

La campaña de Abdarrahman III en 935


Abd ar-Rahman ibn Muhammad, más conocido como Abderramán o Abd al-Rahman III, sucedió a su abuelo Abdallah como emir de al-Andalus en 912 d.C. Hallándose el Estado omeya entonces fragmentado por multitud de rebeldías provinciales, los primeros actos del nuevo emir se encaminaron a reducirlas. Pidió las actas de fidelidad de todos los gobernadores locales, y uno de los primeros en enviársela fue Muhammad al-Anqar, de los Tuyibíes de Zaragoza, con quien el emir omeya empezó por llevarse bien.

Tras su proclamación como califa, en 929, Abdarrahman III confirma como señor de Zaragoza a Muhhamad ibn Hasim al-Tuyibí, sin embargo, este al poco tiempo se negó a participar en la campaña cordobesa contra Osma, al mismo tiempo que recibiría el apoyo de sus vecinos, los señores de Huesca y Barbastro, lo que alarmó al califa. Ante tal situación, el califa decidió iniciar una campaña en la primavera de 935, con el objetivo de asediar a la capital de la Marca Superior, Zaragoza, y conseguir la obediencia de Al-Tuyibí.

Las huestes califales parten de la ciudad de Córdoba el 21 de mayo. El itinerario de ida tuvo una distancia mucho más elevada que la vuelta, prácticamente 100km más. La causa bien pudo ser el propósito de pasar lo más lejos posible de Santabariya, la capital de la cora de Santaver y así evitar problemas previos a la campaña. Cualquiera que fuese la razón, el hecho es que hizo que el ejército pasase por los actuales territorios de la serranía baja conquense y en la comarca Requena/Utiel, mencionando interesantes topónimos y creando la posibilidad que las tropas califales pasarán por el territorio de Mira o muy cerca.

El itinerario de ida descrito por el historiador Ibn Haiyan, fue el siguiente: Córdoba, Mamluha, Balat, Marwan; T.nyusa, ya en la Cora de Jaén (Kutat Yayyan), al-Haniya, en el río Guadalbullón (wadi bulyun), Qastulluna (Casas de Caldona), wadi, acampada o mahallat al-Daym, fortaleza o hisn Sant Astiban (Santiesteban del puerto), aldea o qaryat B.nwan, sobre el Guadalimar (wadi l-Ahmar), Turyilat al-Sayi, Turyilat al-taniya, wadi …., mahallat al-Gudur donde terminaba la cora de Jaén; balat Suf (balazote), en la cora de Tudmir, madinat Santayila (Chinchilla); Qantarat Turrus, sobre el río Júcar (wadi Suqar), en la cora de Valencia (kurat Balansiya), torre o bury al-Qabdaq (Caudete de la Fuentes), al-Batha, cerca de al-Mary; Rub.wa, en el distrito (`amal) de Yahya ibn Abi al-Fath ibn Di-num de la cora de Santaver (kurat Sant Bariya), Landit (landete), Farhan, sobre en río (wadi) Ayit, hisn Billal (fortaleza de Villel), Tiruwal (Teruel), límite del distrito de Santaver (ajir amal Sant Bariya); acampada o mahallat Salis, vecina de la fortaleza o hisn al-Sahla del distrito de los Banu Razin, acampada o mahallat L.nga, vecina de la fortaleza de Calamocha (hisn Qalamusa), hisn al-Rayahin, también en el distrito de los Banu Razin, Mary Taw.b.r, que era una de las alquerías sobre el río (al-wadi), cerca de Daroca (Daruqa); acampada de Mulah (Muel) sobre el río Huerva (nahr Baltas) también en el distrito de Zaragoza, atalayas o tali wart (Cuarte) sobre el río Huerva, a cuatro millas de Zaragoza, y , finalmente, al-yazira, junto al Ebro (nahr Ibruh), a las puertas de Zaragoza.

Para la historiografía de Mira, lo interesante son los dos topónimos sin identificar entre las jornadas de bury al-Qabdaq (Caudete de la Fuentes) y Landit (Landete), es decir, al-Batha y Rub.wa. Ambos lugares son descritos como fronterizos entre sí, el primero formando parte de la división territorial de la cora de Valencia (kurat Balansiya) y el segundo de la cora de Santaver (kurat Sant Bariya). Con estos datos y sabiendo el carácter fronterizo que siempre ha tenido la Sierra de Mira en la historia, se podría especular que la sierra ejerció de frontera natural y que los lugares mencionados podría ser ubicados en diferentes vertientes del sistema montañoso.

A nivel etimológico, algunos investigadores han sugerido que Villarejo Rubio, antiguo caserío situado en Garaballa, podría ser Rub.wa. Otras investigaciones han apuntado una posible relación con las Casillas de Ranera, pedanía de Talayuelas. Para al-Batha sin embargo, no se ha sido capaz de encontrar ningún topónimo relacionado. Personalmente creo, que al-Batha debería ser ubicada en la vertiente sur, sureste, en el triángulo formado por Camporrobles, Sinarcas y Aliaguilla, siendo el Molón de Camporrobles un lugar con bastantes posibilidades. Rub.wa por su parte, estaría ubicada en la vertiente norte, noroeste, en una L invertida entre Mira, Garaballa y Talayuelas, siendo Villarejo Rubio una localización con altas probabilidades, tanto por su ubicación, como por su cierta similitud etimológica. Entre las diferentes opciones para cruzar la Sierra de Mira, el paso por el territorio de Mira sería una opción, pasando por la vega del río Mira, para luego remontar su cauce encajonado, aunque practicable, en dirección noreste hasta Landete.

Otro dato interesante, es que en fechas similares al paso de Abdarrahman III, se produce el final de la ocupación islámica en la fortificación del Molón de Camporrobles. Su abandono queda corroborado por los trabajos arqueológicos realizados por Universidad de Alicante, que confirman la completa ausencia de las características producciones clásicas de época califal, pudiendo ser relacionado con la represión ejercida por el califa Omeya a su paso por estas tierras o sus posteriores consecuencias. Su despoblamiento coincide con la formación de otros asentamientos caracterizados por la  presencia de un material cerámico de gran uniformidad, bien registrado en el cercano Molón II de Mira, que ejercería, desde ese momento, el control sobre la vega y los llanos de la Cañada de Mira.


En resumen, no podemos confirmar el paso de las huestes califales por el territorio de Mira, pero si su carácter fronterizo entre divisiones territoriales, como pasa en la actualidad y como también ha pasado en varios momentos de su historia.

BIBLIOGRAFÍA:
- El califato de Córdoba. Joaquín Vallvé
- Un itinerario de Córdoba a Zaragoza en el siglo X. Jesús Zanón
- Dinámicas de ocupación y transformación del territorio medieval del alto tajo. Joaquín Checa Herraiz.
- El Molón (Camporrobles, Valencia). Un poblado de primera época islámica. A.J. Lorrio, Sánchez de Prado.

El aeródromo de Mira/Camporrobles


En el inicio de la Guerra Civil Española, la mayor parte de las fuerzas aéreas estaban controladas por el bando republicano, lo que le garantizó al Gobierno la superioridad aérea en gran parte del país durante los primeros días del conflicto. La situación cambiaría a partir de julio de 1936, cuando el bando nacional recibe los primeros Junkers Ju-52 alemanes y Savoia SM-81 italianos, y sobre todo con la entrada en servicio en agosto de los cazas Fiat CR-32 y Heinkel He-51. No sería hasta el octubre de 1936, cuando se restablecería un equilibrio de fuerzas entre los contendientes, gracias a la llegada de unos cien aviones soviéticos para el bando republicano. En su mayoría, eran cazas Polikarpov I-15 «Chatos» y Polikarpov I-16 «Mosca», que por entonces eran los más veloces de toda Europa.

A medida que fue avanzando la contienda, ambos bandos se vieron en la necesidad de incrementar el número de aeródromos con el objetivo de dispersar los posibles ataques del enemigo. En la provincia de Cuenca, el bando republicano tan solo contaba con un aeródromo y esto obligó que en un breve periodo de tiempo se tuvieran que construir un gran número de campos de aviación, en muchos casos muy básicos, pero suficientes para permitir el aterrizaje y despegue de los aviones. En este contexto se construyó el Aeródromo de Mira/Camporrobles,

Hay que aclarar que aunque siempre se le llamó oficialmente Aeródromo de Camporrobles, las principales instalaciones; como las pistas y varios edificios, se encontraban en el municipio de Mira, más concretamente en los parajes de El Morterón y El Atascadero de la Cañada de Mira. Entendemos que se llamó así por la proximidad de las instalaciones con el pueblo de Camporrobles y por ser esta población punto importante para el transporte de alimentos y material hasta Madrid. En la localidad terminaba el primer tramo del ferrocarril hasta Madrid, y desde allí, se transportaban todos los alimentos y pertrechos en camiones hasta la provincia de Cuenca, para después cargarse nuevamente en trenes hasta la capital.

Desconocemos la fecha de su construcción, pero si sabemos que el aeródromo ya estaba operativo en Junio de 1937, gracias a un informe de la sección de información del Estado Mayor del Aire del bando nacional. En él un prisionero lo describe como un campo rectangular de 970m de largo por 1115m de ancho, sin pistas balizadas, donde se aprovechaba sin más los excelentes llanos existentes de barbecho y pastizal. También relata que no había una dotación fija de aviones, sino que ocasionalmente estacionaban algunas unidades de bombarderos y de “Natachas”.

Posteriormente, a partir de noviembre de 1937, los acontecimientos de la guerra obligan a realizar varias mejoras en el aeródromo, para que las escuadrillas de la aviación republicana comiencen a llegar por primera vez con fines bélicos para realizar misiones de bombardeo y observación. En ese momento el campo contaría con una caseta de guardia, una estancia para pilotos, una caseta de mando y un pabellón de tropa. Hacia el sur había un polvorín y otras dos instalaciones de este tipo ubicadas en un radio de tres kilómetros.

Fotografía aérea del aeródromo realizada el 26 de junio de 1938

El patrón arquitectónico de los edificios construidos fue calcado en varios aeródromos republicanos de la zona. La caseta de mando del aeródromo de Mira/Camporrobles era igual a la caseta de mando que encontramos en otros aeródromos, como el de Utiel.

Como sistema antibombas se construyó un refugio de ocho metros de profundidad con capacidad para 150 personas y otros seis más elementales alrededor del campo con capacidad para proteger de ametrallamientos. En la cumbre del Molón se situó una caseta de puesto de observación.

En la población de Camporrobles, cuatro casas fueron destinadas para alojamiento de personal con capacidad para 300 personas.

En los primeros meses de 1938 la provincia de Cuenca ya contaba con un total de veintiún aeródromos en servicio. Estos fueron: Mira/Camporrobles, Moya, Fuentelespino, Cañete, Landete, Monteagudo, Aliaguilla, Olmedilla, Motilla, Villanueva de jara, Sisante, Clemente, Villaescusa de Haro, Valverde, Montalbo, Fuentes, Carboneras, Olivares del Jucar, Cuenca, San Pedro Palmiches y Carrascosa. A nivel organizativo, la mayoría de los aeródromos conquenses, el de Mira/Camporrobles incluido, formaron parte de la 7ª Región Aérea Republicana, teniendo como principales sectores Los Llanos, San Clemente y Casas de Ibáñez. Los aeródromos de Landete, Moya o Fuentelespino estuvieron en la 4ª Región Aérea.

Aeródromos en servicio en marzo de 1938

Varias acciones bélicas fueron llevadas a cabo desde el aeródromo de Mira/Camporrobles, siendo la más conocida la que se realizó el 2 de junio de 1938, cuando nueve bimotores Tupolev SB–2 “Katiuskas” y tres cazas PolikárpovI-16 “Moscas” de la 3ª escuadrilla de Grupo 24, iniciaron desde Mira/Camporrobles una importante operación para bombardear el aeródromo de La Cenia (Tarragona), base de operaciones de la Legión Cóndor, que en esos momentos albergaba dos escuadrillas de monoplanos Messerschmitt Bf 109 B, otras dos escuadrillas de biplanos Heinkel He 51, el veterano de Elsa y una patrulla de Junkers Ju 87 y He 45.

Bombardero ruso Tupolev SB–2, conocido como Katiuska.

La operación republicana fue encabezada por el jefe de escuadrilla, Anselmo Sepúlveda, pero antes de llegar a la altura del pueblo de Sant Rafael del Río fueron descubiertos por las baterías antiaéreas, formadas por piezas de 88 y 37mm que defendían la zona. Un Tupolev SB–2 fue tocado y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en un aeródromo situado entre Castellón y Benicasim. Un segundo bombardero fue derribado cuando sobrevolaba San Mateo. Paralelamente salieron del aeródromo de La Cenia varios BF 109 para rechazar el ataque y perseguir a los republicanos, hecho que causó el derribo de dos aparatos en Torreblanca y Alcora, y dañar a un tercero que consiguió llegar a Sagunto pero con los motores apagados e incendiados. A pesar del fracaso de la operación, los republicanos consiguieron destruir alguna unidad BF 109 estacionada en el aeródromo de La Cenia.

Restos de un BF 109 destruido por los republicanos el 2 de Junio de 1938.

Con el inicio de la Batalla del Ebro, todas las unidades republicanas fueron trasladadas a los campos de aviación de Cataluña y el aeródromo de Mira/Camporrobles aunque en servicio, dejó de ser útil desde el punto de vista estratégico el 25 de julio de 1938.

El 1 de abril de 1939 se da por finalizada la guerra y el mando nacional decide mantener operativos algunos aeródromos, de entre ellos el de Mira/Camporrobles. Un año más tarde, en 1940, se formalizó un contrato de arredramiento con los propietarios de las fincas afectadas por la ocupación. El ejército del aire pagó una renta anual al conjunto de los propietarios de 5.314,24 pesetas. Como ejemplo, Crescencio Sierra Nieto, vecino de Mira y propietario de una parcela en el paraje de El Atascadero de 2.662m², recibió quince pesetas con noventa céntimos anuales.

En 1948 el ejército del aire decidió disminuir el gasto anual y varias parcelas fueron devueltas a sus propietarios, reduciendo el perímetro del aeródromo. Esto causó que se formalizara un nuevo contrato global, reduciendo el alquiler anual a 1814,95 de pesetas

Se supone que entre 1948 y 1956/57 se realizó algún tipo de reformas en el campo. Aunque no hay documentación que lo confirme, varios croquis sin fecha y las fotografías aéreas realizadas por los Estados Unidos en 1956/57, muestran al aeródromo con dos pistas en forma de cruz bien delimitadas con balizas que anteriormente no existían. Es de suponer que fuera consecuencia de la disminución del perímetro realizado en 1948.

Croquis sin fecha con las pistas en forma de cruz.

Fotografía aérea de 1956/57 donde son visibles las pistas en forma de cruz.

El 15 de Julio de 1965 supondrá el fin del aeródromo, cuando la jefatura de la región aérea de Levante decide suprimir el despliegue militar en el aeródromo, cancelar el arrendamiento y devolver las parcelas a sus titulares.

En la actualidad, muchas de las instalaciones han desaparecido por completo: las pistas, los refugios, la estancia para pilotos o el pabellón de tropa, sin embargo hay otras, que aunque en bastante mal estado, todavía son visibles; como el antiguo polvorín o la caseta de mando. Las únicas instalaciones que se mantienen relativamente completas es la caseta de puesto de observación del Molón y una caseta de guardia, actualmente conocida como casilla de Juan Serrano.

Restos del antiguo polvorín

Interior del polvorín

Restos de la caseta de mando. Fotografía de Álvaro García Lava

Puesto de observación del Molón

 Caseta de guardia

Imagen aérea actual con las localizaciones

Según la memoria de los vecinos de La Cañada de Mira, el refugio principal, que fue lugar de juegos y aventuras para muchos niños, estuvo accesible más o menos hasta la década de los años 80, cuando el propietario de la parcela donde estaba ubicado, decidió taparlo para poder plantar más viñas.


BIBLIOGRAFÍA:
-    L' aerodrom de la Senia 1937-39. Heribert Garcia i Esteller
-    La legión Cóndor en 1938. Jesús Salas Larrazábal
-    Historia de la Aviación Española.
-    Archivo histórico del ejército del aire.
-    Varios artículos publicados en el diario Levante por José Ferrer.

De escribanos a notarios


Desde los primeros momentos de la aparición de la escritura, surgida de la necesidad de comunicar, transmitir y dar permanencia a los hechos y pensamientos en las culturas de la Antigüedad, se tiene constancia de la existencia de personas encargadas de escribir para otras. A través, fundamentalmente, de las representaciones artísticas nos ha llegado la imagen, por ejemplo, del escriba egipcio. Sin embargo, para perfilar los rasgos que definen la función notarial desde la Edad Moderna hemos de remontar el estudio de su evolución histórica a la Roma de la época imperial, cuando se desarrolla un tipo de escriba profesional, denominado tabellio, dedicado a la escrituración de los negocios jurídicos de los particulares.

Bastantes siglos después, en el siglo XI, con la rápida extensión territorial de los reinos hispánicos derivada de los avances de la Reconquista y la subsiguiente incorporación de tierras, el resurgir de las ciudades y las transformaciones socioeconómicas experimentadas en el medio urbano, en los reinos de León y Castilla, el estamento de los scriptores profesionales contempló un notable desarrollo. Será desde el siglo XII cuando estos scriptores, que habían protagonizado un incremento sucesivo, empiecen a ser denominados en castellano “escribanos” y sean predominantemente laicos, sobre todo en el espacio urbano.

Un momento importante fue la ordenación notarial llevada a cabo por el Rey Alfonso X el Sabio, con las leyes promulgadas por el Fuero Real y Las Partidas, que asentó la idea de que el escribano no era un simple scriptor profesional, sino el titular de un oficio público cuya actividad quedaba regulada por la ley.

Entre las condiciones para ser nombrado escribano por el rey figuraban tanto las morales como las intelectuales. Debían ser hombres libres, cristianos de buena fe, saber escribir bien y ser conocedores del arte de la escribanía; debían ser legos y guardar secretos sin quebrantarlo excepto cuando podía perjudicar al rey; y ser vecino de los lugares donde ejercían para tener así un mejor conocimiento de las personas que acudían ante él para registrar sus actos.

Una característica de los documentos realizados por los escribanos era añadir un signum. Esta señal era concedida por el rey junto con el título real para que el nuevo escribano refrendase las actuaciones. Cada escribano tenía su signo personal.


Durante los Reyes Católicos, además de lo legislado en Las Partidas, la aprobación del consejo real debería ir firmada al dorso por tres de los letrados que formaban el consejo real. Y una vez recibida esta autorización el rey procedía automáticamente a su nombramiento.

Bajo el reinado de Carlos I se promulgará otra formalidad considerada indispensable, desde ese momento, para ser admitido al examen por el Consejo real y recibir el título de escribano, debía llevar un informe de la justicia del lugar donde residía en el cual se testimoniaba su habilidad y buena conducta. También se permitió la venta del oficio.

Posteriormente Felipe II fijará la edad mínima para poder ejercer el oficio de escribano en veinticinco años. Bajo el gobierno de Carlos II se dispuso que además de la información de legitimidad, limpieza de sangre y edad se justificara por escrito haber permanecido durante un periodo mínimo de dos años en el oficio de un escribano bien seguidos, o alternos, como escribiendo, durante los cuales se iría familiarizando con las fórmulas legales. Sin embargo las leyes, se fueron flexibilizando y adaptando a las necesidades temporales existentes.

Los nombramientos de los escribanos podían ser de varias clases, siendo los escribanos reales y los de número los más habituales: los escribanos reales, podía ejercer la profesión en cualquier punto del Reino y los escribanos de número, antecesores de los actuales notarios, quienes ejercían sus funciones en un enclave (Ciudad o villa) o zona en el que estaban autorizados a actuar. El nombre de esta última clase viene de que, ante las continuas mercedes que de estos oficios de escribanías otorgaban los reyes, las ciudades fueron obteniendo el derecho de limitar el número de escribanos.

La imagen del escribano no fue muy buena hasta el siglo XIX, aparte de las continuas quejas por el excesivo número de escribanos y por las pérdidas de escrituras por no cumplir las leyes sobre inventariado y guarda de los registros de los escribanos muertos, había otra consecuencia que tuvo una mayor incidencia social, y será el elemento que mayor sombra proyectará sobre la figura del escribano: La inversión que significaba la compra de la escribanía, la tenía que amortizar con el cobro del arancel, y esto debió provocar, en más de una ocasión, el cobro de honorarios abusivos, a pesar de la minuciosa legislación que establecía el precio máximo por actuación.

La notaría moderna se inicia durante el reinado de Isabel II con la reforma de la Ley Orgánica del Notariado de 1862, cuando entre varias novedades, se consagra un principio fundamental: los protocolos no son de propiedad privada sino que los protocolos pertenecen al Estado. Esto inicia la red archivística, con el establecimiento, por la misma ley, de los archivos territoriales para protocolos de cierta antigüedad. También durante el mismo siglo la denominación de escribano se deja de usar progresivamente y se afianzará la de notario.

Escribanos en Mira
La referencia más antigua de este oficio la tenemos en los conflictos entre Mira y Requena por los gastos del corregimiento a principios del siglo XV. En ese momento Mira era una aldea de Requena y los mireños mostraron su disconformidad por tener que sostener económicamente los gastos abusivos del Corregimiento, entre ellos la escribanía de cámara que estaba en Requena. El problema se solucionó llegando a un acuerdo en varias condiciones. En lo que respecta a la escribanía, se estipuló que cada vez que el escribano requenense tuviera que ir a Mira a tomar y recibir cuentas del concejo mireño, se le pagara 70 maravedíes por día, no pudiendo emplear más de cuatro días entre ida y vuelta. Si los propios mireños se acercaban a la villa matriz eran eximidos de este gasto.

En 1537, Carlos I concedía la exención a Mira que se constituía nuevamente en villa, pero no sería hasta 1567 cuando tenemos noticias de que en la estructura de oficiales del Concejo de Mira estaba constituida con un escribano, aunque no conocemos su nombre.

No volveremos a tener noticias hasta el catastro de ensenada de 1753, donde se informa que en la villa de Mira cuenta con un escribano de número que ejerce Lorenzo Ferrer Yranzu, con un salario de seiscientos reales hasta mil quinientos reales de utilidad. Nada más sabemos.

En la primera mitad del siglo XIX, dos escribanos mireños serán protagonistas dando fe de certeza en varios documentos tanto en Mira como en pueblos próximos. Uno de ellos, fue Leandro Domínguez García, persona que nació en el municipio en 1777, hijo de Manuel Domínguez y Ana García, ambos también de Mira. Sería a la edad de 26 años, cuando formalizó una petición para presentarse al examen de escribano real, alegando la falta de escribanos tanto en Mira como en pueblos cercanos. Aparte de reunir los requisitos básicos, debió pagar una cuota de 200 ducados de vellón y presentar un expediente de limpieza de sangre. El dato de la cuota es interesante, si convertimos los 200 ducados de vellón a reales, estaríamos hablando de unos 2200 reales aproximadamente. Por aquella época un jornalero podría ganar sobre unos tres reales y medio al día en el mejor de los casos. Esto nos pueda dar una idea de que la profesión de escribano no estaba al alcance de cualquiera. Finalmente su solicitud fue aceptada y el examen aprobado, concediéndole una escribanía como escribano real. De entre los documentos que dio fe de certeza, conocemos uno realizado para el mireño Antonio Martínez Sierra, quien en 1818, presentó una solicitud para poder estudiar cirugía en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos.

Signum de Leandro Domínguez

El otro escribano mireño fue Tomás María Ferrer Sánchez, de cuya persona de momento tenemos poca información. Quizás fuera familiar de Lorenzo Ferrer Yranzu. Solamente conocemos que en 1804 fue admitido como escribano de número. De entre los trabajos realizados, tenemos constancia de un documento de 1822, sobre la venta de un terreno otorgada por Dª María Jiménez, a favor del conde de Salvatierra, marqués de Villora.

 Signum de Tomás María Ferrer Sánchez

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, Mira deja de tener escribanos en el municipio y los mireños tendrán que utilizar los servicios de profesionales de poblaciones próximas, como Tomas Sánchez en Camporrobles o Vicario Sánchez Mura en Landete.


BIBLIOGRAFÍA:
- Breve estudio sobre los escribanos públicos malagueños a comienzos del siglo XVIII. Marion Reer Gadow
- Los signos de los escribanos públicos. Eva Mª Mendoza García.
- "Lo de Mira": De concordias, diferencias, pleitos y segregaciones: Autor: Ignacio Latorre Zacarés
- La figura del escribano. María Jesús Álvarez-Coca González
- Pares. ES.28079.AHN/1.1.5.14.2//CONSEJOS,29429,Exp.2
- Pares. ES.28079.AHN/1.1.5.12.2//CONSEJOS,27468,Exp.83
- Pares. ES.28079.AHN/1.2.5.1//UNIVERSIDADES,1226,Exp.73
- Archivo de Teruel

La Casa Mira de Novelda

La Casa Mira es un espléndido edificio modernista construido en la primera década del siglo XX por Francisco Mira Abad, destacado cosechero y exportador de vino y aceite de Novelda. Un buen ejemplo del modernismo que se desarrolló en la Comunidad Valenciana en el siglo pasado.

La casa está ubicada en la Plaza de San Vicente y consta de planta baja y dos pisos, estando los dos niveles superiores de la fachada realizados de ladrillo cerámico caravista de color rojo, enmarcándose lateralmente por pilastras, separadas por molduras lineales que recorren toda la fachada. Los vanos de las ventanas se presentan con molduras con decoración arquitectónica, y balcones cerrados con antepechos de rejería de hierro de líneas curvas con motivos florales. Siendo de destacar la rejería de las ventanas de la planta baja, en la que prima más el sentido ornamental que el funcional, al estar decoradas con la típica línea ondulada de látigo, propio del “Art Nouveau”.El edificio se remata con un alero corrido decorado con azulejos de motivo floral, apoyados entre ménsulas de madera.

Fachada de la Casa Mira

En el interior, la casa cuenta con dos partes totalmente diferenciadas: la del servicio, más sobria y humilde, y la de los propietarios, más amplia y espaciosa, en la que rezuman los detalles florales, la policromía en las paredes, muebles originales y cortinas de época espectaculares.

Fotografía de Ramiro Verdú

La puerta que da acceso a las estancias más importantes de la casa es de hierro artísticamente forjado con pétalos y policromado, sobre carpintería de madera, diseñado por Anastasio Martínez. A los lados, una pequeña sala y el despacho, con un espectacular mobiliario. Al fondo, en la galería, el resto de espacios de la planta baja: el comedor, la salita de estar y el patio descubierto.


Fotografías de Ramiro Verdú

La escalera helicoidal está perfectamente lograda, con madera de caoba por el pasamanos, mármol blanco de Carrara, madera de nogal para el zócalo, con distintas piezas florales y naturalistas hasta el segundo piso, con hierro fundido y policromado en tonos verdes en la balaustrada. De este modo, se accede a la parte más íntima y residencial de la Casa Mira: dormitorios, gran salón y los complementos: oratorio y sacristía.

En la actualidad sigue siendo de propiedad privada y no es posible su visita.


BIBLIOGRAFÍA:
- http://juanjopaya.es
- Itinerario urbano por la Novelda modernista. Concepción Navarro Poveda, Daniel Andrés Díaz.

Consideraciones arqueoastronómicas de la Cueva Santa

La Cueva Santa se encuentra situada sobre uno de los barrancos de la margen izquierda del río Cabriel, del término municipal de Mira. La cueva fue originariamente lugar de enterramiento, convirtiéndose posteriormente en santuario, semejante a otras documentadas en el mundo ibérico, quedando vinculado a los ritos de paso de clases de edad de las poblaciones próximas.

Contexto arqueoastronómico
La arqueoastronomía es un campo de investigación multidisciplinar. Su objetivo es el conocimiento del desarrollo de la astronomía en las sociedades prehistóricas y de la antigüedad dentro de su contexto cultural. Los objetos de estudio son muy diversos, desde documentos escritos o artístico-simbólicos (como, por ejemplo, inscripciones, pinturas o grabados rupestres) a orientaciones de estructuras arquitectónicas, como templos, tumbas monumentales o cuevas.

No todos los yacimientos son, en principio, objetivos potenciales de este tipo de estudios. En el caso de un monumento religioso, como por ejemplo un santuario, un templo o incluso una necrópolis, podrían tener importancia estos motivos astrales, en una razón directa al grado de importancia que tuviesen los aspectos celestes en el culto.

En este contexto, hay un fenómeno interesante en la Cueva Santa de Mira durante en el solsticio de verano, es decir, cuando el Sol alcanza su posición más alta en el cielo. Sólo un par de días antes y después del 21 de junio, hay que esperar a que el sol esté a punto de ponerse. Entonces, los rayos del Sol se colarán por la entrada de la cueva y avanzarán lentamente hasta el fondo.

 El fondo de la cueva iluminada. Fotografía de Nacho Latorre Zacarés.

Este fenómeno con gran carga metafórica y belleza, quizás no fue en el pasado como lo observamos en la actualidad, pero lo que es cierto es que la cueva muestra una orientación solsticial que pudo tener relación con algún culto: el paso de las tinieblas a la luz del verano, para manejar calendarios o organizar el momento de las cosechas. Esto estaría reforzado no solamente por su orientación, sino también por haber sido lugar de enterramiento y santuario, por su dificultad de acceso y su relación próxima con el agua: el cauce del río Cabriel y el antiguo manantial de aguas termales de La Fuencaliente, ambos actualmente anegados por el pantano de Contreras.

 Luz entrando por la entrada de la cueva. Fotografía de Nacho Latorre Zacarés.

Dicho esto, se ha de poner en manifiesto que no se han hecho hasta la fecha ningún estudio arqueoastronómico con cálculos precisos de orientación, dejando todavía este fenómeno abierto a estudiar y profundizar. Mientras tanto, cualquier persona podrá disfrutar del lugar más enigmático y mágico de Mira.


BIBLIOGRAFÍA:
- Consideraciones arqueoastronómicas sobre el santuario ibérico de la Serreta. Cesar Esteban, Emilio Cortell Pérez.
- La Cueva Santa del Cabriel (Mira, Cuenca): Lugar de culto antiguo y ermita cristiana. Alberto J. Lorrio, Teresa Moneo, Fernando Moya, Sara Pernas, Mª Dolores Sánchez de Prado.
- Fotografías de Nacho Latorre Zacarés.

El mapa genético de Castilla La Mancha


Para entender mejor la historia de todos los pueblos de Europa y su cultura, resulta importante analizar el proceso de etnogénesis. En este sentido, el estudio de la genética y en concreto, los haplogrupos del cromosoma Y humano (ADN-Y), permiten estudiar la línea de descendencia patrilineal de los diferentes pueblos.

Para aportar algo de luz al tema, investigadores de diversas universidades han colaborado para confeccionar un mapa genético de Europa. Para ello observaron diferentes marcadores genéticos y se tomaron un gran número de muestras de varones adultos (centrándose en individuos cuyos abuelos procedían del mismo país) por medio de un complejo análisis informatizado con el objetivo de conocer el origen y comprobar la separación genética entre ellos. El trabajo dividió a la población europea en varios grupos, siempre desde el punto de vista genético. En Castilla La Mancha se tomaron entre 100 y 250 muestras con los siguientes resultados:

El haplogrupo más extendido según las muestras, es el R1b, con un 66%. Es el grupo más numeroso en Europa occidental y en España. Se asocia tradicionalmente con el hombre de Cromagnon, quienes fueron los primeros humanos modernos en entrar a Europa; de tal manera que los europeos de las costas del Atlántico con mayor frecuencia de R1b, conservarían el linaje de los primeros pobladores de Europa, en especial aquellos de origen celta y poblaciones de la península ibérica.
Mapa del haplogrupo R1b

Le sigue a gran diferencia el haplogrupo J2, con un 10%. Este grupo se relaciona con muchos pueblos de la Antigüedad; como los fenicios, los estruscos, los minoicos, asirios o babilonios. Se originó al norte de Mesopotamia durante el Paleolítico, y se extendió por Anatolia, Oriente Próximo, sur de Europa y este de Persia hasta la India. Su expansión tuvo lugar debido a la revolución agrícola que trajo el Neolítico, extendiéndose a zonas más allá de su origen mesopotámico.

Mapa del haplogrupo J2

En tercera posición, con un 8%, encontramos el grupo G. Se piensa tiene su origen en Asia Central en el Paleolítico. Durante el Neolítico temprano se extendieron por regiones montañosas de Asia, Anatolia, y el Cáucaso, y desde allí se extendieron a Europa durante el Neolítico.

Mapa del haplogrupoG

Con un 5%, está el haplogrupo E1b1b. Este grupo es el más característico de toda África y se encuentra también, aunque en menor proporción, en el Cercano Oriente y en Europa, especialmente en el área del Mediterraneo. El subhaplogrupo E1b2 es el más común entre las poblaciones norteafricanas y se relaciona con la conquista musulmana de la península ibérica. Este subhaplogrupo presenta unos indices bastante bajos en Castilla La Mancha.

Mapa del haplogrupo E1b1b

Con un 4%, encontramos el haplogrupo J1. Este grupo proviene del mismo linaje J, que se subdividió en Oriente Próximo y Oriente Medio durante el Paleolítico en J1 y J2. El linaje J1 se originó al este de Anatolia, probablemente en la región del Kurdistán.

Mapa del haplogrupo J1

Con un 2% encontamos al Haplogrupo T. Este grupo es bastante raro en Europa con un 1% de la población del continente, exceptuando Grecia, Macedonia y Italia donde supera el 4%. En España llega al 2,5% con una importante implantación en Cádiz, con un 10% y en Ibiza con un 15%.

Mapa del haplogrupo T

Con un 1,5% tenemos a los halogrupos I1, I2 y R1a. El grupo I1 es el más común que en el norte de Europa. Se encuentra principalmente en Escandinavia y Finlandia, donde por lo general representan más del 35% de los cromosomas masculinos. Asociado a la etnia nórdica, el I1 se encuentra en todos los lugares invadidos por antiguas tribus germánicas y por los vikingos.

Mapa del haplogrupo I1

El haplogrupo I2 se cree que se originó durante el Paleolítico tardío, alrededor de la época del último máximo glacial, hace unos 22.000 años. Su región de origen es indeterminada en la actualidad. Es el linaje paterno más común en la antigua Yugoslavia, Rumania, Bulgaria y Cerdeña, y un linaje importante en la mayoría de los países eslavos.

Mapa del haplogrupo I2a1

El haplogrupo R1a podemos situar su origen en Asia Central hacia el año 19000 a.C. y se extendió por Europa hacia la región Centroeuropea. Parece ser que fue el germen de la llamada cultura aria, que se extendió desde regiones europeas orientales hasta Persia y el norte de la India, reemplazando parcialmente a los haplotipos H y L que se relacionan con la cultura del Indo.

Mapa del haplogrupo R1a

Conclusiones
Siendo cautos por el bajo número de muestras tomadas en la comunidad de Castilla La Mancha, estas primeras investigaciones dan un predominio del haplogrupo R1b, el mismo grupo genético que prepondera en la mayoría de los irlandeses, galeses, escoceses, franceses, belgas, españoles, portugueses, ingleses, holandeses, suizos, italianos, austríacos y alemanes.

Resulta interesante ver como en principio las migraciones germánicas no dejaron apenas Y-ADN germánico en Castilla La Mancha, ni en la península Ibérica en general, tan solo Galicia, norte y centro de Portugal y Cataluña tienen porcentajes a resaltar de este grupo genético.

En cuanto a la conquista musulmana, vemos que el grupo E3B2 presenta unos índices bastante bajos en Castilla La mancha en términos relativos teniendo en cuenta los ocho siglos de ocupación. Las zonas con los niveles más altos de ancestros norteafricanos se observa principalmente en la región occidental de la península, dato que concuerda con los registros históricos. Tras la revuelta de los moriscos en el siglo XVI, la mayoría de ellos fueron deportados de sus lugares de origen y llevados al exilio al noroeste. Quinientos años después, parece ser que el genoma de los españoles lo demuestra: hay más descendientes de moriscos en Zamora que en Granada.

Por su parte, la influencia genética del pueblo judío sefardita se ve representada en Castilla La Mancha, aunque sus niveles no tan altos como otras zonas de la península ibérica.


Porcentaje del legado genético norteafricano, judío e ibérico.


El mapa genético de Mira
No hay ningún estudio al respecto, pero si se diera, posiblemente tendríamos diferencias con respecto a los resultados de Castilla La Mancha por su situación próxima a la comunidad de Valencia, donde se dan resultados algo diferentes.


BIBLIOGRAFÍA:
- http://www.eupedia.com/genetics
- Paternal Lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula.
- La expulsión de los moriscos del Reino de Granada en 1570 a su paso por tierras de Jaén. Gregorio José Torres Quesada