De escribanos a notarios


Desde los primeros momentos de la aparición de la escritura, surgida de la necesidad de comunicar, transmitir y dar permanencia a los hechos y pensamientos, en las culturas de la Antigüedad, se tiene constancia de la existencia de personas encargadas de escribir para otras. A través, fundamentalmente, de las representaciones artísticas nos ha llegado la imagen, por ejemplo, del escriba egipcio. Sin embargo, para perfilar los rasgos que definen la función notarial desde la Edad Moderna hemos de remontar el estudio de su evolución histórica a la Roma de la época imperial, cuando se desarrolla un tipo de escriba profesional, denominado tabellio, dedicado a la escrituración de los negocios jurídicos de los particulares.

Bastantes siglos después, en el siglo XI, con la rápida extensión territorial de los reinos hispánicos derivada de los avances de la Reconquista y la subsiguiente incorporación de tierras, el resurgir de las ciudades y las transformaciones socioeconómicas experimentadas en el medio urbano, en los reinos de León y Castilla, el estamento de los scriptores profesionales contempló un notable desarrollo. Será desde el siglo XII cuando estos scriptores, que habían protagonizado un incremento sucesivo, empiecen a ser denominados en castellano “escribanos” y sean predominantemente laicos, sobre todo en el espacio urbano.

Un momento importante fue la ordenación notarial llevada a cabo por el Rey Alfonso X el Sabio, con las leyes promulgadas por el Fuero Real y Las Partidas, que asentó la idea de que el escribano no era un simple scriptor profesional, sino el titular de un oficio público cuya actividad quedaba regulada por la ley.

Entre las condiciones para ser nombrado escribano por el rey figuraban tanto las morales como las intelectuales. Debían ser hombres libres, cristianos de buena fe, saber escribir bien y ser conocedores del arte de la escribanía; debían ser legos y guardar secretos sin quebrantarlo excepto cuando podía perjudicar al rey; y ser vecino de los lugares donde ejercían para tener así un mejor conocimiento de las personas que acudían ante él para registrar sus actos.

Una característica de los documentos realizados por los escribanos era añadir un signum. Esta señal era concedida por el rey junto con el título real para que el nuevo escribano refrendase las actuaciones. Cada escribano tenía su signo personal.


Durante los Reyes Católicos, además de lo legislado en Las Partidas, la aprobación del consejo real debería ir firmada al dorso por tres de los letrados que formaban el consejo real. Y una vez recibida esta autorización el rey procedía automáticamente a su nombramiento.

Bajo el reinado de Carlos I se promulgará otra formalidad considerada indispensable, desde ese momento, para ser admitido al examen por el Consejo real y recibir el título de escribano debía llevar un informe de la justicia del lugar donde residía en el cual se testimoniaba su habilidad y buena conducta. También se permitió la venta del oficio.

Posteriormente Felipe II fijará la edad mínima para poder ejercer el oficio de escribano en veinticinco años. Bajo el gobierno de Carlos II se dispuso que además de la información de legitimidad, limpieza de sangre y edad se justificara por escrito haber permanecido durante un periodo mínimo de dos años en el oficio de un escribano bien seguidos, o alternos, como escribiendo, durante los cuales se iría familiarizando con las fórmulas legales. Sin embargo las leyes, se fueron flexibilizando y adaptando a las necesidades temporales existentes.

Los nombramientos de los escribanos podían ser de varias clases, siendo los escribanos reales y los de número los más habituales: los escribanos reales, podía ejercer la profesión en cualquier punto del Reino y los escribanos de número, antecesores de los actuales notarios, quienes ejercían sus funciones en un enclave (Ciudad, villa o lugar) o en el que estaban autorizados a actuar. El nombre de esta última clase viene de que, ante las continuas mercedes que de estos oficios de escribanías otorgaban los reyes, las ciudades fueron obteniendo el derecho de limitar el número de escribanos.

La imagen del escribano no fue muy buena hasta el siglo XIX, aparte de las continuas quejas por el excesivo número de escribanos y por las pérdidas de escrituras por no cumplir las leyes sobre inventariado y guarda de los registros de los escribanos muertos, había otra consecuencia que tuvo una mayor incidencia social, y será el elemento que mayor sombra proyectará sobre la figura del escribano: La inversión que significaba la compra de la escribanía, la tenía que amortizar con el cobro del arancel, y esto debió provocar, en más de una ocasión, el cobro de honorarios abusivos, a pesar de la minuciosa legislación que establecía el precio máximo por actuación.

La notaría moderna se inicia durante el reinado de Isabel II con la reforma de la Ley Orgánica del Notariado de 1862, cuando entre varias novedades, se consagra un principio fundamental: los protocolos no son de propiedad privada sino que los protocolos pertenecen al Estado. Esto inicia la red archivística, con el establecimiento, por la misma ley, de los archivos territoriales para protocolos de cierta antigüedad. También durante el mismo siglo se empieza a utilizar la denominación notario y progresivamente deja de usarse la palabra escribano.

Escribanos en Mira
La referencia más antigua de este oficio la tenemos en los conflictos entre Mira y Requena por los gastos del corregimiento a principios del siglo XV. En ese momento Mira era una aldea de Requena y los mireños mostraron su disconformidad por tener que sostener económicamente los gastos abusivos del Corregimiento, entre ellos la escribanía de cámara que estaba en Requena. El problema se solucionó llegando a un acuerdo en varias condiciones. En lo que respecta a la escribanía, se estipuló que cada vez que el escribano requenense tuviera que ir a Mira a tomar y recibir cuentas del concejo mireño, se le pagara 70 maravedíes por día, no pudiendo emplear más de cuatro días entre ida y vuelta. Si los propios mireños se acercaban a la villa matriz eran eximidos de este gasto.

En 1537, Carlos I concedía la exención a Mira que se constituía nuevamente en villa, pero no sería hasta 1567 cuando tenemos noticias de que en la estructura de oficiales del Concejo de Mira estaba constituida con un escribano, aunque no conocemos su nombre.

No volveremos a tener noticias hasta el catastro de ensenada de 1753, donde se informa que en la villa de Mira cuenta con un escribano de número que ejerce Lorenzo Ferrer Yranzu, con un salario de seiscientos reales hasta mil quinientos reales de utilidad. Nada más sabemos.

En la primera mitad del siglo XIX, dos escribanos mireños serán protagonistas dando fe de certeza en varios documentos tanto en Mira como en pueblos cercanos. Uno de ellos, fue Leandro Domínguez García, persona que nació en el municipio en 1777, hijo de Manuel Domínguez y Ana García, ambos también de Mira. Sería a la edad de 26 años, cuando formalizó una petición para presentarse al examen de escribano real, alegando la falta de escribanos tanto en Mira como en pueblos cercanos. Aparte de los requisitos básicos necesarios, debió pagar una cuota de 200 ducados de vellón y presentar un expediente de limpieza de sangre. Su solicitud fue aceptada y el examen aprobado, concediéndole una escribanía como escribano real. De entre los documentos que dio fe de certeza, conocemos uno realizado para el mireño Antonio Martínez Sierra, quien en 1818, presentó un expediente de limpieza de sangre para poder estudiar cirugía en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos.

Signum de Leandro Domínguez

El otro escribano mireño fue Tomás María Ferrer Sánchez, de cuya persona de momento tenemos poca información. Quizás fuera familiar de Lorenzo Ferrer Yranzu. Solamente conocemos que en 1804 fue admitido como escribano de número. De entre los trabajos realizados, tenemos constancia de un documento de 1822, sobre la venta otorgada por Dª María Jiménez, a favor del conde de Salvatierra, marqués de Villora.

 Signum de Tomás María ferrer Sánchez

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, Mira deja de tener escribanos en el municipio y los mireños tiene que utilizar los servicios de escribanos de poblaciones próximas, como Tomas Sánchez en Camporrobles o Vicario Sánchez Mura en Landete.


BIBLIOGRAFÍA:
- Breve estudio sobre los escribanos públicos malagueños a comienzos del siglo XVIII. Marion Reer Gadow
- Los signos de los escribanos públicos. Eva Mª Mendoza Garía
- "Lo de Mira": De concordias, diferencias, pleitos y segregaciones: Autor: Ignacio Latorre Zacarés
- La figura del escribano. María Jesús Álvarez-Coca Gonzalez
- Pares. ES.28079.AHN/1.1.5.14.2//CONSEJOS,29429,Exp.2
- Pares. ES.28079.AHN/1.1.5.12.2//CONSEJOS,27468,Exp.83
- Pares. ES.28079.AHN/1.2.5.1//UNIVERSIDADES,1226,Exp.73
- Archivo de Teruel

La Casa Mira de Novelda

La Casa Mira es un espléndido edificio modernista construido en la primera década del siglo XX por Francisco Mira Abad, destacado cosechero y exportador de vino y aceite de Novelda. Un buen ejemplo del modernismo que se desarrolló en la Comunidad Valenciana.

La casa está ubicada en la Plaza de San Vicente y consta de planta baja y dos pisos, estando los dos niveles superiores de la fachada realizados de ladrillo cerámico caravista de color rojo, enmarcándose lateralmente por pilastras, separadas por molduras lineales que recorren toda la fachada. Los vanos de las ventanas se presentan con molduras con decoración arquitectónica, y balcones cerrados con antepechos de rejería de hierro de líneas curvas con motivos florales. Siendo de destacar la rejería de las ventanas de la planta baja, en la que prima más el sentido ornamental que el funcional, al estar decoradas con la típica línea ondulada de látigo, propio del “Art Nouveau”.El edificio se remata con un alero corrido decorado con azulejos de motivo floral, apoyados entre ménsulas de madera.

Fachada de la Casa Mira

En el interior, la casa cuenta con dos partes totalmente diferenciadas: la del servicio, más sobria y humilde, y la de los propietarios, más amplia y espaciosa, en la que rezuman los detalles florales, la policromía en las paredes, muebles originales y cortinas de época espectaculares.

Fotografía de Ramiro Verdú

La puerta que da acceso a las estancias más importantes de la casa es de hierro artísticamente forjado con pétalos y policromado, sobre carpintería de madera, diseñado por Anastasio Martínez. A los lados, una pequeña sala y el despacho, con un espectacular mobiliario. Al fondo, en la galería, el resto de espacios de la planta baja: el comedor, la salita de estar y el patio descubierto.


Fotografías de Ramiro Verdú

La escalera helicoidal está perfectamente lograda, con madera de caoba por el pasamanos, mármol blanco de Carrara, madera de nogal para el zócalo, con distintas piezas florales y naturalistas hasta el segundo piso, con hierro fundido y policromado en tonos verdes en la balaustrada. De este modo, se accede a la parte más íntima y residencial de la Casa Mira: dormitorios, gran salón y los complementos: oratorio y sacristía.

En la actualidad sigue siendo de propiedad privada y no es posible su visita.


BIBLIOGRAFÍA:
- http://juanjopaya.es
- Itinerario urbano por la Novelda modernista. Concepción Navarro Poveda, Daniel Andrés Díaz.

Consideraciones arqueoastronómicas de la Cueva Santa

La Cueva Santa se encuentra situada sobre uno de los barrancos de la margen izquierda del río Cabriel, del término municipal de Mira. La cueva fue originariamente lugar de enterramiento, convirtiéndose posteriormente en santuario, semejante a otras documentadas en el mundo ibérico, quedando vinculado a los ritos de paso de clases de edad de las poblaciones próximas.

Contexto arqueoastronómico
La arqueoastronomía es un campo de investigación multidisciplinar. Su objetivo es el conocimiento del desarrollo de la astronomía en las sociedades prehistóricas y de la antigüedad dentro de su contexto cultural. Los objetos de estudio son muy diversos, desde documentos escritos o artístico-simbólicos (como, por ejemplo, inscripciones, pinturas o grabados rupestres) a orientaciones de estructuras arquitectónicas, como templos, tumbas monumentales o cuevas.

No todos los yacimientos son, en principio, objetivos potenciales de este tipo de estudios. En el caso de un monumento religioso, como por ejemplo un santuario, un templo o incluso una necrópolis, podrían tener importancia estos motivos astrales, en una razón directa al grado de importancia que tuviesen los aspectos celestes en el culto.

En este contexto, hay un fenómeno interesante en la Cueva Santa de Mira durante en el solsticio de verano, es decir, cuando el Sol alcanza su posición más alta en el cielo. Sólo un par de días antes y después del 21 de junio, hay que esperar a que el sol esté a punto de ponerse. Entonces, los rayos del Sol se colarán por la entrada de la cueva y avanzarán lentamente hasta el fondo.

 El fondo de la cueva iluminada. Fotografia de Nacho Latorre Zacarés.

Este fenómeno con gran carga metafórica y belleza, quizás no fue en el pasado como lo observamos en la actualidad, pero lo que es cierto es que la cueva muestra una orientación solsticial que pudo tener relación con algún culto: el paso de las tinieblas a la luz del verano, para manejar calendarios o organizar el momento de las cosechas. Esto estaría reforzado no solamente por su orientación, sino también por haber sido lugar de enterramiento y santuario, por su dificultad de acceso y su relación próxima con el agua: el cauce del río Cabriel y el antiguo manantial de aguas termales de La Fuencaliente, ambos actualmente anegados por el pantano de Contreras.

 Luz entrando por la entrada de la cueva. Fotografia de Nacho Latorre Zacarés.

Dicho esto, se ha de poner en manifiesto que no se han hecho hasta la fecha ningún estudio arqueoastronómico con cálculos precisos de orientación, dejando todavía este fenómeno abierto a estudiar y profundizar. Mientras tanto, cualquier persona podrá disfrutar del lugar más enigmático y mágico de Mira.


BIBLIOGRAFÍA:
- Consideraciones arqueoastronómicas sobre el santuario ibérico de la Serreta. Cesar Esteban, Emilio Cortell Pérez.
- La Cueva Santa del Cabriel (Mira, Cuenca): Lugar de culto antiguo y ermita cristiana. Alberto J. Lorrio, Teresa Moneo, Fernando Moya, Sara Pernas, Mª Dolores Sánchez de Prado.
- Fotografías de Nacho Latorre Zacarés.

El mapa genético de Castilla La Mancha


Para entender mejor la historia de todos los pueblos de Europa y su cultura, resulta importante analizar el proceso de etnogénesis. En este sentido, el estudio de la genética y en concreto, los haplogrupos del cromosoma Y humano (ADN-Y), nos permiten estudiar la línea de descendencia patrilineal de los diferentes pueblos.

Para aportar algo de luz al tema, investigadores de diversas universidades han colaborado para confeccionar un mapa genético de Europa. Para ello observaron diferentes marcadores genéticos y se tomaron un gran número de muestras de varones adultos (centrándose en individuos cuyos abuelos procedían del mismo país) por medio de un complejo análisis informatizado con el objetivo de conocer el origen y comprobar la separación genética entre ellos. El trabajo dividió a la población europea en varios grupos, siempre desde el punto de vista genético. En Castilla La Mancha se tomaron entre 100 y 250 muestras con los siguientes resultados:

El haplogrupo más extendido según las muestras, es el R1b, con un 66%. Es el grupo más numeroso en Europa occidental y en España. Se asocia tradicionalmente con el hombre de Cromagnon, quienes fueron los primeros humanos modernos en entrar a Europa; de tal manera que los europeos de las costas del Atlántico con mayor frecuencia de R1b, conservarían el linaje de los primeros pobladores de Europa, en especial aquellos de origen celta y poblaciones de la península ibérica.
Mapa del haplogrupo R1b

Le sigue a gran diferencia el haplogrupo J2, con un 10%. Este grupo se relaciona con muchos pueblos de la Antigüedad; como los fenicios, los estruscos, los minoicos, asirios o babilonios. Se originó al norte de Mesopotamia durante el Paleolítico, y se extendió por Anatolia, Oriente Próximo, sur de Europa y este de Persia hasta la India. Su expansión tuvo lugar debido a la revolución agrícola que trajo el Neolítico, extendiéndose a zonas más allá de su origen mesopotámico.

Mapa del haplogrupo J2

En tercera posición, con un 8%, encontramos el grupo G. Se piensa tiene su origen en Asia Central en el Paleolítico. Durante el Neolítico temprano se extendieron por regiones montañosas de Asia, Anatolia, y el Cáucaso, y desde allí se extendieron a Europa durante el Neolítico.

Mapa del haplogrupoG

Con un 5%, está el haplogrupo E1b1b. Este grupo es el más característico de toda África y se encuentra también, aunque en menor proporción, en el Cercano Oriente y en Europa, especialmente en el área del Mediterraneo. El subhaplogrupo E1b2 es el más común entre las poblaciones norteafricanas y se relaciona con la conquista musulmana de la península ibérica. Este subhaplogrupo presenta unos indices bastante bajos en Castilla La Mancha.

Mapa del haplogrupo E1b1b

Con un 4%, encontramos el haplogrupo J1. Este grupo proviene del mismo linaje J, que se subdividió en Oriente Próximo y Oriente Medio durante el Paleolítico en J1 y J2. El linaje J1 se originó al este de Anatolia, probablemente en la región del Kurdistán.

Mapa del haplogrupo J1

Con un 2% encontamos al Haplogrupo T. Este grupo es bastante raro en Europa con un 1% de la población del continente, exceptuando Grecia, Macedonia y Italia donde supera el 4%. En España llega al 2,5% con una importante implantación en Cadiz, con un 10% y en Ibiza con un 15%.

Mapa del haplogrupo T

Con un 1,5% tenemos a los halogrupos I1, I2 y R1a. El grupo I1 es el más común que en el norte de Europa. Se encuentra principalmente en Escandinavia y Finlandia, donde por lo general representan más del 35% de los cromosomas masculinos. Asociado a la etnia nórdica, el I1 se encuentra en todos los lugares invadidos por antiguas tribus germánicas y por los vikingos.

Mapa del haplogrupo I1

El haplogrupo I2 se cree que se originó durante el Paleolítico tardío, alrededor de la época del último máximo glacial, hace unos 22.000 años. Su región de origen es indeterminada en la actualidad. Es el linaje paterno más común en la antigua Yugoslavia, Rumania, Bulgaria y Cerdeña, y un linaje importante en la mayoría de los países eslavos.

Mapa del haplogrupo I2a1

El haplogrupo R1a podemos situar su origen en Asia Central hacia el año 19000 a.C. y se extendió por Europa hacia la región Centroeuropea. Parece ser que fue el germen de la llamada cultura aria, que se extendió desde regiones europeas orientales hasta Persia y el norte de la India, reemplazando parcialmente a los haplotipos H y L que se relacionan con la cultura del Indo.

Mapa del haplogrupo R1a

Conclusiones
Siendo cautos por el bajo número de muestras tomadas en la comunidad de Castilla La Mancha, estas primeras investigaciones dan un predominio del haplogrupo R1b, el mismo grupo genético que prepondera en la mayoría de los irlandeses, galeses, escoceses, franceses, belgas, españoles, portugueses, ingleses, holandeses, suizos, italianos, austríacos y alemanes.

Resulta interesante ver como las migraciones germánicas no dejaron apenas Y-ADN germánico en Castilla La Mancha, ni en la península Ibérica en general, tan solo Galicia, norte y centro de Portugal y Cataluña tienen porcentajes a resaltar de este grupo genético.

En cuanto a la conquista musulmana, vemos que el grupo E3B2 presenta unos índices bastante bajos en Castilla La mancha en términos relativos teniendo en cuenta los ocho siglos de ocupación. Las zonas con los niveles más altos de ancestros norteafricanos se observa principalmente en la región occidental de la península, dato que concuerda con los registros históricos. Tras la revuelta de los moriscos en el siglo XVI, la mayoría de ellos fueron deportados de sus lugares de origen y llevados al exilio al noroeste. Quinientos años después, el genoma de los españoles lo muestra: hay más descendientes de moriscos en Zamora que en Granada.

Por su parte, la influencia genética del pueblo judío sefardita se ve representada en Castilla La Mancha, aunque sus niveles no tan altos como otras zonas de la peninsula ibérica.


Porcentaje del lejado genético norteafricano, judío y ibérico.


El mapa genético de Mira
No hay ningún estudio al respecto, pero si se diera, posiblemente tendríamos diferencias con respecto a los resultados de Castilla La Mancha por su situación próxima a la comunidad de Valencia, donde se dan resultados algo diferentes.


BIBLIOGRAFÍA:
- http://www.eupedia.com/genetics
- Paternal Lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula.
- La expulsión de los moriscos del Reino de Granada en 1570 a su paso por tierras de Jaén. Gregorio José Torres Quesada

Iluminando la oscuridad

Los seres humanos somos criaturas diurnas, con los ojos adaptados para vivir a la luz del sol y con grandes limitaciones para el mundo de la noche, al contrario que una enorme cantidad de especies nocturnas que habitan el planeta.

En la prehistoria el hombre descubrió el fuego y lo utilizó para obtener calor y cocer alimentos, no tardaría en usarlo para la iluminación de su entorno. Se calcula que hace alrededor de unos 500.000 años se utilizó la primera llama para iluminar las tinieblas de la noche.

Muchos siglos más tarde, posiblemente hace 50.000 años, aparecieron los primeros candiles rudimentarios, usando como combustible aceite o grasa de origen animal, y como base; piedras, conchas o cualquier otro producto natural con forma de cuenco.

Un gran adelanto tecnológico vendría al practicar en el pico de los candiles un orificio para salida de la mecha, de modo que ésta podía ser ajustada para cambiar el cauce de aire que la bañaba y obtener así el máximo de luz y evitar al mismo tiempo el humo y el hollín.

 Lucerna usada en las minas de lapis specularis cerca de Segóbriga (Cuenca)

En los tiempos de esplendor de Grecia y Roma, las lámparas de uso doméstico y ceremonial alcanzaron un alto nivel decorativo. A menudo eran de cerámica o de bronce, y estaban adornadas profusamente con palmeras, hojas de plantas, figuras humanas, animales, etc.

El uso de velas no era tan común como el de lámparas de aceite, no obstante su uso se incrementó durante el medievo mediante la utilización de cera de abeja o sebo. Hasta el siglo XIX, las velas fueron la forma más común para iluminar los interiores de los edificios.

A finales del siglo XVIII aparece la lámpara de Argand, artilugio que supuso un gran avance, pues su luminosidad era equivalente a 6 o 10 velas. Tenía una mecha cilíndrica montada entre un par de tubos concéntricos de metal, para que el aire se canalizara a través del centro y a través de la mecha. El combustible solía ser aceite. Se terminó conociendo como quinqué, porque Antoine Quinquet introdujo algunas mejoras sobre la idea de Argand que ayudó a popularizarla.

 Quinqués del siglo XIX

Con la revolución industria aparecerían importantes avances tecnológicos, como la iluminación a gas o la bombilla eléctrica, pero también sociales, al llevar al ámbito público la iluminación de las calles de varias ciudades. Posteriormente, desde el siglo XX hasta la actualidad, se han multiplicado los avances y la dependencia en la iluminación, creando un nuevo entorno radicalmente diferente para el ser humano.

La iluminación en Mira
En Mira como en muchos otros lugares, durante siglos la nocturnidad se vivió principalmente empleando rudimentarios instrumentos de iluminación; como teas, velas o candiles, y aunque los nuevos avances acabarían llegando en el pueblo, varios de estos instrumentos ancestrales serían utilizados practicamente hasta mediados del siglo XX.


Antiguos instrumentos de iluminación

En tiempos de nuestros abuelos los candiles funcionaban con aceite y con una mecha de algodón (también conocida como "torcida" por su forma trenzada). También había faroles y quinqués, fabricados en latón y abiertos en su parte superior para evacuar hunos y facilitar la combustión. Estos artículos se vendían en las tiendas locales o por chatarreros ambulantes. Las velas eran generalmente hechas por gente del pueblo con tradición colmenera, utilizando cera natural, un molde y una mecha de algodón como palillo que se le colocaba en el centro.

A finales del siglo XIX se iniciaría la implantación de la iluminación eléctrica en España, sin embargo este avance tardaría bastante tiempo en llegar en la gran mayoría de las zonas rurales. En Castilla La Mancha, parece ser que Villalgordo del Jucar (Albacete) sería la primera población de la comunidad en disponer de luz y energía eléctrica, cuando Santiago Gosálvez, instaló a finales del siglo XIX una central hidroeléctrica para sus fábricas de harinas, hilados y papel frente a Villalgordo del Júcar, pero dentro del término municipal de Casas de Benítez (Cuenca).

En Mira, sería en 1911 cuando el ayuntamiento mostró su interés de establecer el tendido eléctrico por las calles para abastecer de luz la población, sin embargo no se llevó acabo. Pasaría varios años hasta que un grupo de emprendedores mireños denominado Faraday, realizó el primer hito con la electricidad en el pueblo al instalar un generador eléctrico en el molino de la Tía Carolina, convirtiéndose así el primer edificio del pueblo en tener luz eléctrica. Posteriormente varios vecinos del pueblo pudieron conectarse al molino y tener luz eléctrica a cambio de una tarifa periódica.

 Molino de la Tía Carolina a la derecha.

A nivel municipal, no sería hasta 1924 cuando por fin el ayuntamiento de Mira llevó a cabo el proyecto de instalación del alumbrado público. Para llevar a acabo el proyecto se nombró una comisión presidida por Juan José Pedrón Julio Esteban y Juan F. López para que realizasen un examen sobre los lugares donde debería realizarse la instalación.

Hacía 1930 se pretendió formalizar el alumbrado público también para la aldea de La Fuencaliente.

En 1935, el ayuntamiento vio la necesidad de ampliar el contrato del suministro eléctrico. Se compraron 25 brazos, tulipas y 100 lámparas de filamento metálico. Del total, diez fueron destinadas a edificios públicos: cinco lo fueron para las oficinas del ayuntamiento, tres para las cárceles públicas y dos para el juzgado municipal y la casa-Cuartel. Varias instancias llegaron al Ayuntamiento para hacerse con el suministro, entre ellas la Sociedad Cooperativa Faraday del molino de la tía Carolina y del vecino Manuel Madrid Monleón. Finalmente fue este último quien se hizo con el suministro del fruido eléctrico.

La guerra civil resultó ser un parón para la expansión de la electricidad en España. Terminada la contienda, la recuperación de la industria eléctrica fue lenta, mucho más lenta de lo que cabría esperar dadas las necesidades de energía eléctrica en la posguerra. A partir de 1940 los abastecimientos de carbón y gas quedaron severamente racionados. La falta de estos suministros empujó a muchos consumidores hacia la electricidad, sin embargo, la oferta no estuvo a la altura de la demanda en parte debido al aislamiento internacional del nuevo régimen, que registraron dificultades para importar material y maquinaria eléctrica.

Una vez la economía se fue recuperando, se hizo posible emprender la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas y la ampliación de las antiguas, para paulatinamente modernizar las infraestructuras eléctricas de todo el país.


BIBLIOGRAFÍA:
-.Wikipedia
- La industria eléctrica en España (1890-1936). Isabel Bartolomñe Rodríguez
- http://www.fragailuminacion.com.ar/publicaciones/historia-de-la-iluminacion/
- La historia de la villa de Mira. Tierra de Frontera. Miguel Romero, Marcelino Silla, Jesus Arribas.
- Etnología y costumbres populares de Salvacañete. Mariano López Marín.

Mira en época prerromana


Antes de la llegada de los romanos, en la Península Ibérica había dos grandes áreas culturales: la celta ubicada en el tercio norte peninsular y la íbera, ubicada en la mitad sur y en la zona mediterránea.

La cultura ibérica resulta compleja, pero a grandes rasgos fue el resultado de un proceso de formación iniciado en el siglo VI a.C. hasta finales del I a.C. Nunca llegaron a alcanzar una unidad política; sin embargo, tenían varios rasgos comunes que era producto de una misma herencia recibida de sus ancestros, a la que hay que añadir la influencia de los pueblos colonizadores: griegos, fenicios o cartagineses.

Por su parte, la cultura celta en la península ibérica se ha explicado siempre por medio de invasiones. Se dice que la más antigua habría traído una lengua indoeuropea considerada precelta “denominada “lusitano”, extendida por las regiones atlánticas de occidente. A partir del Bronce final, hacía 1200 a.C., la cultura de los campos de Urnas, originaria de Europa central y del norte de Italia, penetra en la península. A inicios del I milenio a.C. pequeños grupos de agricultores, quizás gentes de un tronco celto-ligur, se extendieron hasta el valle del Ebro y el sistema ibérico, la futura celtiberia, entrando en contacto con el citado substrato atlántico. Por el lado este, entraría en contacto con el mundo ibérico, asimilando elementos mediterráneos. Dicho esto, se ha de poner en manifiesto que en la actualidad no solamente no hay una cierta homogeneidad entre los autores sobre el tema de la indoeuropeización de la península, sino que, muy al contrario, nos encontramos gran cantidad de teorías divergentes.


De todos los pueblos peninsulares, los celtiberos fueron los mejor conocidos, jugando un papel histórico y cultural determinante en las guerras en la península ibérica durante el siglo II a.C. La primera referencia a la celtiberia se encuadra en el contexto de la II guerra Púnica, al narrar Polibio los prolegómenos del asedio de Sagunto, en la primavera de 219 a.C. Desde entonces, las menciones a la Celtiberia y los Celtiberos son abundantes y variadas.


A partir de fuentes tan distintas como las literarias, la epigrafía, la lingüística, y la arqueología, la Celtiberia se configura como una región geográfica individualizada, a partir de las fuentes literarias, la epigrafía, la lingüística y la arqueología, en las altas tierras de la Meseta Oriental y la margen derecha del Valle Medio del Ebro, englobando, en líneas generales, la actual provincia de Soria, buena parte de Guadalajara y Cuenca, el sector oriental de Segovia, el sur de Burgos y La Rioja y el occidente de Zaragoza y Teruel, llegando incluso a alcanzar la zona noroccidental de Valencia.

El territorio de Mira; ¿Íbero? o ¿Celtíbero?
Los resto arqueológicos hallados en el termino de Mira no son lo suficiente claros para determinar la etnografía de sus pobladores, en cambio, en tierras vecinas si se han hallado diferentes elementos característicos del ámbito celtibérico, como determinados tipos de armas (sobre todo puñales biglobulares, en algún caso asociados con espadas de La Tène, pero también alguna espada de antenas) o de fíbulas (principalmente los modelos de caballito y de la variante de jinete, así como zoomorfas de jabalí o decoradas con cabezas de lobo) que cabe interpretar como objetos de prestigio de evidente valor étnico, que ponen de manifiesto cierta vinculación de este territorio durante los siglos III–I a.C. con la cultura celtibérica, sin embargo no está del todo claro los límites etnográficos, ya que con toda seguridad el espacio fronterizo no estuvo sujeto a lindes definitivos, sino inmerso en procesos continuos de oscilaciones puntuales tanto de ampliación como de reducción del territorio de cada uno. Aun así, se podría decir con todas las cautelas, que una línea imaginaria desde la Cabeza de Moya en Enguídanos, pasando por la Sierra de Mira hasta el valle del Turia, entre Tuejar y Benagéber, marcaría una área de transición fronteriza todavía confusa entre Íberos y Celtíberos. En el caso de la Sierra de Mira no debería sorprender, pues su naturaleza como elemento fronterizo se repetirá en varias ocasiones en su historia. Frente a este ámbito, las tierras llanas de la comarca Utiel-Requena destacarían por una clara vinculación con el mundo ibérico levantino.

 Puñal biglobular celtibérico de El Molón (Camporrobles)

Patrimonio arqueológico
El municipio de Mira cuenta con varios yacimientos prerromanos, siendo los más importantes: El Molon II, pequeño asentamiento fortificado situado en las estribaciones de la Sierra de Mira, claramente vinculado con su homónimo de Camporrobles. Los Castellares, yacimiento fortificado situado en un cerro superior, muy próximo al río Mira y la Hoya Hermoso, y por último la Cueva Santa, lugar que pasaría de santuario prerromano a convertirse en un santuario mariano a partir de la reconquista.

 1-El Molón de Mira. 2-Vaso caliciforme de la Cueva Santa. 3- Urnas de La Cañada de Mira.

De los diferentes elementos encontrados, su mayoría son de material cerámico, destacando una serie de vasos caliciformes encontrados en la Cueva Santa y varias urnas cinerarias con ajuar, encontradas en La Cañada de Mira.

BIBLIOGRAFÍA:
-.http://hesperia.ucm.es/
- Los celtíberos. Alberto J. Lorrio
- Los guerreros del sol. Martín Almagro-Gorbea
- Wikipedia

El Cañaveral


El Cañaveral fue un antiguo núcleo poblacional de Mira. El lugar posiblemente se empezó a habitar en tiempos de barbecheras, sementeras o recolección de frutos. La primera referencia que se conoce es del siglo XVIII, cuando en el catastro de Ensenada se menciona que en el partido del Cañaveral habitaba una persona llamada María Malavia. Posteriormente, a principios del siglo XIX, Francisco Portillo compró varios terrenos en el lugar y los puso en cultivo entre varios colonos, lo que conllevaría a la creación de un núcleo poblacional estable.

Entre finales del siglo XIX o principios del XX, se abrieron los baños de vapor de la familia Cervera, explotación que funcionó con las aguas de la fuente de El Chorro (manantial que todavía existe), sin embargo después de la guerra civil, serían trasladados al Barrio de Don Fidel en La Fuencaliente, donde había una mejor comunicación de acceso y existía fluido eléctrico.

 Vista aérea de El cañaveral en 1956

 El Cañaveral en la actualidad

Un hecho dramático se desarrollaría en los años 60 del siglo pasado, cuando la aldea fue expropiada por el estado para la construcción del embalse de Contreras. La construcción del pantano llevó varios años, y cuando se terminó en 1974, la aldea quedó totalmente sumergida bajo las aguas del río Cabriel. En la actualidad según el nivel del embalse, es posible de ver las ruinas de algunas casas.


BIBLIOGRAFÍA:
- Catastro de Ensenada 1753.
- Diversos artículos de Eduardo Monleon.
- Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal 1829.